Forma de trabajo
¿QUÉ ES LA LATERALIDAD Y PORQUÉ TENEMOS QUE TRABAJARLA?
Para entender nuestra forma de trabajo, es necesario comprender algunos aspectos básicos sobre el desarrollo neurológico del niño y sus funciones principales.
«El cerebro del ser humano está formado por dos hemisferios. El hemisferio izquierdo es el encargado de la elaboración del pensamiento, el razonamiento, la conciencia del tiempo, las operaciones lógicas, lineales, secuenciales, el lenguaje verbal… Procesa la información de forma analítica y lineal. Podría decirse que es el hemisferio verbal.
El hemisferio derecho es un hemisferio integrador, concibe el entorno de una forma global y complementa la actividad del hemisferio izquierdo. Está especializado en integrar la información percibida y procesarla como un todo. Controla los sentimientos y las emociones, y junto con el sistema límbico, es el encargado de recoger la memoria emocional. En comparación con el hemisferio izquierdo, podría decirse que este es el hemisferio visual.

En el neonato, ambos hemisferios actúan por separado, de forma alternante y continúan así hasta el 8º mes aproximadamente, cuando el niño empieza a arrastrarse y a desarrollar la fase duolateral, fase en la que los dos hemisferios se activan al mismo tiempo, empiezan a comunicarse entre sí y a trabajar de manera conjunta. Este proceso de unificación empieza con el arrastrado y se perfecciona con el gateo, conduciendo así a la maduración de las vías cruzadas. Esta maduración hace posible que los dos lados del sistema nervioso participen en nuestras acciones.»
Por ello, es necesario que exista una buena incorporación de los dos hemisferios y que éstos sean complementarios. De este modo, se obtiene un conocimiento mucho más global que permite a la persona un mejor posicionamiento ante el mundo; ya que el trabajo de cada hemisferio por separado empobrece enormemente sus funciones. Realizando ejercicios psicomotrices conseguimos aumentar las activaciones interhemisféricas, y por tanto, una mejora en la lateralidad.
¿QUÉ ES LA LATERALIDAD?
En términos generales, se podría decir que la lateralidad consiste en la preferencia que tiene una persona para utilizar un lado u otro de su cuerpo. Ésta tiene una gran repercusión en el desarrollo del ser
humano, y en la correcta percepción del espacio y el tiempo, ya que éstos constituyen las coordenadas básicas de la identidad personal, y se empieza a desarrollar desde los tres a los cinco años hasta los diez o doce años.
Es importante que los niños construyan una buena lateralidad para poder tener un punto referencial espacio-temporal. Este punto cero del eje de coordenadas le da la capacidad al niño de percibir el orden (espacial y temporal) de las cosas. Le ayuda a situarse en el espacio: delante, detrás, arriba, abajo y en el tiempo: ayer, hoy, mañana.
¿QUÉ OCURRE SI NO DESARROLLAMOS CORRECTAMENTE LA LATERALIDAD?
El resultado de una mala lateralización afecta a cómo vive y se sitúa la persona en el espacio. Además, dificulta el aprendizaje y la adaptación a todo lo que esté ligado a la lectoescritura y la desorganización del lenguaje.
Esto podría traducirse en torpeza psicomotriz, dificultades con los conceptos matemáticos básicos y sus consiguientes problemas con el cálculo, dificultad en la automatización de la lectura y la escritura y errores al leer, entre otros. Si nos enfrentamos a la lectura de tres letras seguidas, por ejemplo, no es lo mismo leer p-a-r, que r-a-p o p-r-a. La diferencia la marca el orden. Cuando trabajamos con el lenguaje oral utilizamos una secuencia temporal (en qué orden oímos las letras, palabras, etc.) y cuando se trata de lenguaje escrito, se añade además la secuencia espacial (en qué orden vemos que están escritas o escribimos nosotros mismos las letras, palabras, etc.)
Si fracasamos en el proceso de lecto-escritura todo el aprendizaje posterior queda comprometido puesto que está mediatizado por este proceso.
UNA BUENA LATERALIDAD
El desarrollo de una lateralidad homogénea y bien definida (que nuestro ojo, oído, mano y pie que usamos preferentemente sean del mismo lado del cuerpo), asegura que el cerebro construya circuitos neuronales lo más eficientes posibles. Así el cuerpo se moverá de forma equilibrada y armónica.
Cuando nuestra lateralidad ha completado su desarrollo, nuestro cuerpo y nuestro cerebro poseen entonces un punto de referencia desde donde poder situar la izquierda y la derecha, arriba y abajo. Por eso a los niños hasta los 4 o 5 años les cuesta tanto diferenciar entre una y otra o saber en qué pie ponerse cada zapato.
Puede que el cerebro de nuestro hijo alcance la maduración suficiente para discriminar visualmente entre b – d o p – q y a nivel auditivo sea capaz de distinguir entre los sonidos de ambas cosas pero si no tiene una lateralidad bien definida no sabrá ordenarlo en el espacio ni en el tiempo con lo que fracasará al leerlo o al escribirlo.
MUGITUZ
Por todo ello, uno de los objetivos principales de MUGITUZ es trabajar la lateralidad del menor a través de la psicomotricidad, para conseguir el mayor equilibrio entre estos dos hemisferios. Aunque éstos no alcancen un nivel de unificación total, se consigue que el niño pueda tener una mayor armonía física, mental e incluso emocional.

Para ello trabajamos todas las etapas del desarrollo empezando por el volteo, pasando por el arrastrado, el gateo y los saltos para acabar en el salto con un solo pie. También realizaremos giros sobre sí mismo, marcha cruzada, patrones, deambulación decusada, ejercicios del infinito matemático… siempre con movimientos rítmicos.
Estos ejercicios se realizan en función de la etapa madurativa en la que se encuentre el menor y de sus capacidades, independientemente de su edad cronológica. Y siempre se utilizarán como base para trabajar las áreas específicas que necesite cada persona.
